Los franciscanos y la fundación de la ciudad de Chiclayo

Vista panorámica de la Iglesia Matriz de Chiclayo (construida por la Orden Franciscana en el siglo XVI) y demolida en 1960.

La Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú y su participación en la construcción de la Iglesia y el Convento de Santa María de Chiclayo en el siglo XVI, que fue el origen de la ciudad de Chiclayo.

Vista panorámica de la Iglesia Matriz de Chiclayo –construida por la Orden Franciscana en el siglo XVI) antes de su absurda demolición en 1960. Foto: Arquinauta

Escribe: Lic. Nivardo Córdova Salinas (*)

La gestación de Chiclayo como urbe está muy ligada a la presencia de los primeros misioneros franciscanos que llegaron al Perú en 1532 y especialmente a los habitantes de los antiguos señoríos de Cinto y Collique. Fueron los caciques de estos reinos quienes regalaron el terreno para la edificación de un convento franciscano, donación que fue aprobada mediante Real cédula el 17 de septiembre de 1585. Bajo la advocación de «Santa María de la Concepción del valle de Chiclayo» y la dirección del Padre Fray Antonio de la Concepción, se levantaron la Iglesia Matriz y el Convento Franciscano para evangelizar a los numerosos nativos del lugar. Alrededor de estas edificaciones, de construcción religiosa española, creció Chiclayo hacia finales del siglo XVI.

En el Archivo San Francisco de Lima –que dirige actualmente Fr. Luis Ávalos y que durante años también fue dirigido por Fr. Abel Pacheco Sánchez OFM– existen documentos originales que informan sobre el origen de Chiclayo y a la vez son una prueba del proceso de mestizaje cultural peruano cuatro siglos después de ese encuentro. La conciencia de conservación del patrimonio cultural va tomando fuerza en el Perú, aunque lamentablemente todavía se destruyen valiosos testimonios, acaso más por ignorancia que por mala intención.

Prueba de ello fue la demolición en 1960 de la Iglesia y Convento de Nuestra Señora de Santa María de los Valles de Chiclayo –conocida como “Iglesia Matriz”-, ordenada por las autoridades municipales de entonces presididas por el alcalde Carlos Castañeda Iparraguirre, con el ambiguo argumento de dar paso a la modernidad. Las preguntas que surgen son: ¿Acaso se puede mirar al futuro sin comprender el pasado? ¿Por qué se desdeñó el valor obra de arquitectura religiosa? Lo que sí sabe es que la población en su mayoría no estuvo de acuerdo en esta demolición.

“Historia de Chiclayo, siglos XVI, XVII, XVIII y XIX” del Dr. Jorge Zevallos Quiñones, considerado el estudio más autorizado sobre la fundación de dicha ciudad con participación de misioneros franciscanos.

LA “CAPILLA BAUTISMAL DE CHICLAYO”
En su libro “Historia de Chiclayo, siglos XVI, XVII, XVIII y XIX” (Imprenta Minerva, Lima, 1995), el historiador Jorge Zevallos Quiñones afirma que el Convento de Nuestra Señora de Santa María, era “la capilla bautismal” de Chiclayo y destacaba lo que era su mejor logro arquitectónico: su imponente arquería filomudéjar. En la actualidad, a simple vista se evidencian los escombros del templo en la calle San José en el Parque Principal de Chiclayo.

Zevallos (autor de otros estudios como “Lambayeque en el siglo XVII”, “Historia de Saña”, “Huacas y huaqueros en Trujillo”, “Toponimia Chimú”, etc.) incluso viajó hasta el Archivo de Indias en España para indagar sobre la historia virreinal de Chiclayo. Su libro no ha sido superado en minuciosidad y visión histórica del Chiclayo desde el Virreinato hasta la República.

Hay testimonios fotográficos de lo que fue esta iglesia e incluso imágenes de las maquinarias en pleno proceso de demolición de las paredes. Se sabe que este local fue sede del colegio San José durante un tiempo. Respecto a las obras religiosos que existían se dispersaron o posiblemente estén en colecciones privadas.

La desaparición de esta iglesia y convento, se suma a una serie de acciones que cometen las municipalidades, las empresas o los ciudadanos en vestigios de arquitectura virreinal o zonas arqueológicas. En Lima por ejemplo –aunque están más de 300 “huacas” en pie, el avance urbano es vertiginoso- . De modo que lo sucedido en Chiclayo es uno de los síntomas de esta enfermedad que se caracteriza por un desprecio a todo lo antiguo y una falsa visión del progreso.

Restos del antiguo Convento de Nuestra Señora de Santa María de Chiclayo, demolido en 1960. Foto: Edson Fuentes Mera.

BUSCANDO LA VERDAD
En los últimos tiempos hay preocupación por desentrañar el “misterio” de la demolición de la Iglesia Matriz. En el semanario “Expresión” (Edición Nº 527, Chiclayo, del 13 al 22 de agosto del 2007), se consignan estas declaraciones del sacerdote franciscano Nelson Chanta Romero: «Hasta ahora no entiendo por qué ni para qué se destruyó la Iglesia Matriz que era nuestra y no se buscó otro terreno. Chiclayo desapareció su propia historia. Lamentable, muy lamentable». A la vez, el fraile anunció en esa publicación la realización de una campaña para recuperar las obras de arte (lienzos, esculturas, fragmentos) de incalculable valor religioso, cultural, histórico y artístico que están en poder de algunas personas. ¿Se sabe quiénes son?

«Este patrimonio no ha sido devuelto y es urgente recuperarlo. Se teme por su conservación porque quizá no lo saben cuidar. Una imagen tenerla en casa es individualismo porque la fe es común, igualitaria sin distingo, en suma comunitaria», recalcó.

LOS FRANCISCANOS EN EL PERÚ
La presencia franciscana en Chiclayo –así como en otras ciudades de la costa, sierra y selva del Perú- es una historia apasionante. No en vano el año 2009 el gobierno otorgó la Orden del Sol del Perú en el Grado de Gran Cruz a la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú, en mérito a sus 400 años de labor evangelizadora y su presencia en la cultura nacional.

Pioneros iniciales son el padre Marco de Niza, primer prelado y comisario que llegó conjuntamente con los frailes Juan de Monzón, Francisco de los Ángeles, Francisco de la Cruz, Francisco de Santa Ana, Pedro Portugués, Alonso de Escarcena y los hermanos legos fraile Mateo de Jumilla y Alonso de Alcañices. Probablemente también estuvieron en Chiclayo los padres Francisco de Marchena y Francisco de Aragón, a quienes con toda justicia se les puede llamar: “los fundadores de Chiclayo”.

Según el citado artículo de Expresión, “en los primeros años de la conquista, los encomenderos de Cinto y Collique Lope de Ayala, Luis de Atienza, Martín de Olarte, Diego de Vega y los herederos de Juan de Barbarán le propusieron al P. Escarcena en 1551 que si traía cuatro frailes ellos les proporcionarían convento y todo lo necesario para la subsistencia para que pudieran dedicarse a tiempo completo a la evangelización de la zona. La propuesta fue alcanzada al Provincial, Fr. Francisco Morales quien hace la petición ante el virrey D. Hurtado de Mendoza, el cual da la provisión al corregidor de Trujillo para que cumpla con lo mandado por el Rey en la cédula de 1555”.

Vista actual de los restos que quedaron tras el derribamiento del Convento de Nuestra Señora de Santa María de Chiclayo, que están a la vista en el Parque Principal de esta ciudad.
Foto: Chiclayo actual.

¿HUBO UN TESORO EN LA IGLESIA MATRIZ DE CHICLAYO?
Al respecto el historiador Martín Cabrejos Fernández en su trabajo “El Tesoro de la Iglesia Matriz de Chiclayo” publicado en Internet (http://historiacienciadevida.blogspot.com/2010/03/el-tesoro-de-la-iglesia-matriz-de.html), cita el famoso libro “Mitos, leyendas y tradiciones lambayecanas” de Augusto León Barandiarán (1935). Allí dice: Una fecha a considerar por su importancia es el 15 de setiembre de 1585 cuando el Virrey Don Fernando Torres de Portugal, Conde del Villar, ordenó a Don Juan Bautista Nano, Corregidor de Cinto y Collique, que aceptara la donación hecha por los indios de nuestro valle”.

Pero además narra un hecho anecdótico, tomado de la antigua tradición chiclayana: “Según escuchó León Barandiarán, los indios ladinos de Cinto y Collique no tuvieron ´religiosas´ intenciones al donar el aludido terreno. No pensaron tanto en el Convento o en los frailes franciscanos, como en un grandioso tesoro escondido (enterrado) en aquel terreno una vez iniciada la conquista española. Enterados de la codicia de los primeros europeos en nuestras tierras, los antiguos residentes de este valle decidieron ocultar bajo el símbolo de la Cruz un ingente tesoro que en aquel terreno se hallaba ocultado por los propios indios…y, para salvarlo, con aquel disfrazado ofrecimiento, que mas bien era una forma de custodia perpetua de la codicia castellana”.

Concluye Cabrejos que actualmente “no podemos afirmar la validez de lo narrado por León Barandiarán. Dichos terrenos fueron removidos más de una vez y no se hallaron tesoros, entierros u objetos y restos que demuestren que aquel lugar fue considerado una huaca”.

Cita además al fraile Luís Arroyo (OFM) y su obra “Los Franciscanos y la fundación de Chiclayo”, donde se refuerza la premisa de que el antiguo Convento de “Santa María” está ligado a la fundación de Chiclayo. “Se puede inferir que resulta imposible explicar el nacimiento y crecimiento de nuestro pueblo sino es a partir de la presencia física de este santuario”. Otro dato complementario de Cabrejos es que Walter Sáenz Lizarzaburu afirma: “(el Convento) tenía una huerta grande que ocupaba la manzana de la antigua Plaza del mercado. Después, al perder su huerta que le era anexa, sus instalaciones sirvieron para que allí funcionara el Colegio Nacional de San José en la planta baja y la Corte Superior de Chiclayo en el segundo piso, lo que ocurrió hasta su desocupación para dar paso a la “pala del progreso” que lo derribó junto con la Iglesia Matriz, a fin de edificar construcciones modernas con su mayor área”.

En 1922, León Barandiarán dijo que en el terreno de la antigua Iglesia Matriz hubo un “calvario” o cementerio. Esta “pala del progreso” a la que se refiere Sáenz Lizarzaburu en 1988 y que removió los terrenos, al menos en cuatro ocasiones, para dar paso a la modernidad no sacó a la luz tesoro alguno”.

Antigua Calle Real de Chiclayo (Foto: Archivo Regional de Lambayeque)

DOCUMENTOS SOBRE CHICLAYO EN EL ARCHIVO SAN FRANCISCO DE LIMA
El documento más antiguo sobre Chiclayo existente en el Archivo San Francisco de Lima es una provisión de 05 de noviembre de 1572 (Código I, 9 N° 22) emitida Juan de Hozes (Visitador Grau de Trujillo) que contiene una “Provisión para que se haga la iglesia de Chiclayo” y que incluye una “provisión del Virrey Toledo.

Otro documento es el I9 N°22: una licencia emitida por el Virrey Don García Hurtado de Mendoza a los caciques e indígenas de Sinto (sic), Chiclayo y Collique para hacer la ropa, 600 capuces, y así poder cubrir el acabado de la Iglesia.

Otro papel de interés es el firmado por el Virrey Fernando de Torres el 15 de septiembre de 1585 “para que los caciques de Cinto y Collique hagan la donación de un sitio para la Iglesia del Monasterio franciscano de Chiclayo”. Días después, el 24 de octubre de 1588, se da la “provisión a los franciscanos de Chiclayo de la donación hecha por los caciques de los pueblos de Sinto y Collique del asiento de casa en que tiene fundado dicho monasterio”.

Asimismo una petición hecha en Túcume 22 de junio de 1590 a Martín Benavides, vicario de Trujillo, para que se funde la cofradía del Santísimo Sacramento en Chiclayo. También figura con el Código I, 9 N° 26, una Petición de 15-03-1581 emitida por Fray Domingo de Vergara, que es un “Testimonio de la limosna que se repartió del Convento de Chiclayo a los indígenas pobres y mitayos y demás que allí trabajan”.

(*) Nivardo Vasni Córdova Salinas es Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Piura (UDEP), integrante de Prensa Franciscana del Perú.