Entrevista a Fr. Germán Alvítrez Chávez OFM, sacristán de la Basílica Menor de San Francisco de Lima

Fr. Germán Alvítrez Chávez OFM, religioso franciscano.

Esta entrevista a Fr. Germán Alvítrez Chávez OFM -quien en 2015 celebró 50 años de profesión religiosa- se realiza como parte del “Proyecto Oralidad: memoria viviente de la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú”.

Fr. Germán Alvítrez Chávez OFM nació en el distrito de Cuenca, provincia de Huancavelica, en el departamento de Huancavelica, el 12 de mayo de 1944. Su padre fue Amador Alvitres Saravia y su madre Anita Chávez De la Cruz, ambos huancavelicanos nacidos en el pueblo de Cuenca.  Su familia la integran seis hermanos, ahora cinco. El mayor Modesto, Justina (falleció), Felices, Germán, Aurelio y Teodora.

Fr. Germán Alvítrez Chávez, sacristán mayor de la Basílica Menor de San Francisco de Jesús El Grande de Lima.

– ¿Cómo recuerda su infancia?

– Desde que tengo uso de razón, recuerdo que siempre he vivido en Cuenca hasta los 10 años. Era travieso como cualquier niño, me justaban los juegos, y practicar el fútbol, y también otros juegos como el run-run, las chapitas, las canicas, el trompo, el aro… Eran mis juegos preferidos. Y cuando iba al campo iba a pastear o ayudar a mis padres en la chacra. Desde ahí veía hacia el frente del río Mantaro pasaba la carretera de Huancayo hacia Huancavelica, entonces veía unos carros que pasaban por la carretera, porque nunca había viajado en carro. En ese lugar donde o estaba había como cantera de sillar, algo así, yo sacaba pedazos de piedra y hacía manualidades, hacía figuras de carros. Entonces me gustaba hacer eso en mis momentos libres.

– ¿Su hogar era católico?

– Muy católico. Así es. E inclusive mi padre fue sacristán de mi pueblo, aunque no en ese tiempo sino después, cuando yo era religioso. El santo patrono de mi pueblo es justamente San Francisco de Asís, fundador de la Orden Franciscana, y en el altar mayor de nuestro pueblo tenemos su imagen.

– ¿Eso lo motivó a ser religioso franciscano?

– La verdad es que en mi pueblo jamás vi un religioso franciscano. Pero recuerdo que había una casa semiderruida donde todos los pobladores decían que muchos años atrás allí habían vivido los misioneros franciscanos. Y por supuesto, en Cuenca hay una gran devoción y se celebra siempre la fiesta de San Francisco.

Fr. Germán durante clases de música a los niños en Arequipa. Foto: Archivo Personal de Fr. Germán Alvítrez OFM.

– ¿Cómo empezó su vocación religiosa?

– Yo salí a los diez años, vine a Lima hasta los 18 años en que ingresé al Convento de San Francisco. Estudié en la escuela primaria de mi pueblo hasta el tercer grado y un año perdí porque me lesioné de la rodilla, se me clavó una espina y estuve enferme casi un año. Con tercer grado de primaria, un tío mío hermano de mi madre –se llamaba Alejandro Chávez De la Cruz, él era marinero-. Y me trajo a Lima a su casa en Surquillo, como ayudante, ya que mis padres eran pobres. Estando en la casa de mi tío Alejandro, luego pasé a otra familia como un año por la zona de Balconcillo, cerca al Estadio Nacional, a unas tres cuadras. Luego pasé a la casa de otros tíos –familiares seguramente- por la avenida Caquetá en San Martín de Porres. Luego regresé a Balconcillo, y otros tíos de la familia de papá, y fue a casa de otra tía, porque mi hermano mayor Modesto me llevó. Y dicho sea de paso, años después regresé a mi pueblo como religioso franciscano. Yo salí de mi pueblo en 1957 a los 10 años y regresé allí como fraile después de mi profesión solemne en 1968, tras estar en el Convento San Francisco del Cusco. Después de mi profesión me dieron vacaciones y vine por la ruta de Abancay y Ayacucho para llegar a mi pueblo Cuenca.

– Es como una novela llena de peripecias.

– Así pasa la vida, con muchos acontecimientos. Pero, como le decía, desde los 10 hasta los 18 vivía en Lima. Estando con una tía Bárbara Rivera de Guzmán viviendo en su casa por la Av. Argentina, hice mi primera comunión a los 16 años, ya que mis tíos eran muy católicos. Fue un 8 de diciembre de 1960 en el templo de la Inmaculada Concepción la Av. Colmena. Estando en esa casa, ella se interesó para que yo siguiera estudiando la primaria, en nocturna. Terminé como a los 17 años la primaria.  Mi tía me dice: “Busca un colegio para que estudies secundaria”. Lo primero que hice fui a averiguar en el Colegio Guadalupe en la Av. Alfonso Ugarte. Sin embargo ya tenía cierto acercamiento a la vida religiosa, sentí un llamado a seguir ese camino y le dije a mi tía que por favor me lleve al Convento de San Francisco. Debo señalar que mi tía y su esposo eran devotos del Señor de los Milagros. Y yo veía que usaban el hábito morado solo en el mes de octubre. Y yo me decía a mí mismo que yo quería usar un hábito no solo un mes sino toda mi vida. Entonces le dije a mi tía que quiero ser religioso franciscano. Y ella me acompañó y varias veces conversamos con el sacerdote encargado de la promoción vocacional, no recuerdo quién era exactamente. Pero tuve varias entrevistas y tuve una última conversación con el ministro provincial, que en ese entonces era Monseñor Federico Richter Prada. Y él me dice: “Ya sería bueno que ingreses al Convento”. Y me dio la fecha: 14 de diciembre de 1962. Le dije a mis padres, que no sabían nada de esto y vivían allá en mi pueblo. Vine con algunas cositas al convento antiguo y me recibe un padre que me pregunta: ¿Qué año de instrucción tienes? Le respondí que solamente tengo primaria, entonces me dice: “Si quieres quedarte solo será para ser hermano, no para sacerdote”. Era momento de decidir, ¿me quedo o no me quedo? Yo solamente quería servir a Dios, no me interesaba si era como sacerdote o como hermano, lo que me interesaba era consagrarme al servicio de Dios. Y acepté, hasta el día de hoy.

– ¿Qué sucedió después de hacer su profesión religiosa?

– El padre Abel Pacheco, que era muy interesado en que los hermanos que no tenían secundaria puedan estudiar, entonces me ayudó a  hacer las gestiones para estudiar la secundaria nocturna en Cusco. Y justo al lado del Convento está el Colegio de Ciencias. Entonces me enviaron documentos para matricularme y terminé mi primero de secundaria en 1970. Luego me cambiaron al convento San Antonio de Puno y seguí estudiando en el Colegio San Carlos. En 1973 y 1974 fui al Convento San José Obrero de Arequipa y estando allí estudiando en el Colegio Independencia. Posteriormente en 1975 me trasladaron a Mollendo y allí terminé mi secundaria. Después de eso había cierto interés de los superiores que si había hermanos que querían ser sacerdotes podían seguir estudiando para el sacerdocio. Pero yo seguí fiel a mi palabra decidí seguir siendo hermano y continúo siéndolo hasta hoy.

– ¿En qué otros conventos ha estado y que trabajos ha desempeñado hasta hoy?

Casi siempre me ponían de sacristán o de portero. Resumiendo todo este tiempo, después de mi noviciado en 1964 y mi profesión simple en 1965. Después fui al Convento de Tiabaya un año. Luego me cambiaron al Cusco, primeramente en Recoleta en 66 y 67, luego pasé a San Francisco del Cusco 68, 69 70; luego a Puno en 70, 71 y 72. Después a San José Obrero de Arequipa en 73 y 74, más conocido como “La Apacheta”. En 1975 me cambian al Convento San Francisco de Molledo, de allí me cambian al Convento de San Francisco de Arequipa donde estuve 12 años desde 1976 hasta 1988 en que fui nombrado Promotor Vocacional a nivel nacional, durante tres años. Después me mandan a Recoleta del Cusco un año en 1990. De allí, 91, 92 y 93 en el Convento San José de Pichcus en Huancayo, y de allí el 94 al San José Obrero de Arequipa. De allí del 95 al 2005 al Convento San Francisco del Cusco. Luego de 2005 al 2011 oficialmente como sacristán mayor de la Basílica Menor de San Francisco El Grande de Lima.

El 2011 otra vez me cambiaron a San Francisco de Arequipa hasta 2014. El 2015 volví como sacristán  mayor a San Francisco de Lima; el 2016 otra vez me cambian a San Francisco de Arequipa hasta 2017. Desde 2018 al 21 a San José Obrero. Como era la época de la pandemia se atrasó el capítulo provincial y de allí regresé a San Francisco de Lima donde estoy por tercera vez como sacristán.

– Podría explicarnos, ¿cuál es la labor de un sacristán?

– Ya sea aquí o en otro templo. Es una labor sacrificada, darse el todo por el todo, algunos momentos, días o festividades donde se requiere bastante la presencia, el trabajo y el quehacer del hermano sacristán, que tiene el trabajo de acolitar las misas, brindar el agua bendita, cuidar, asear, que todo esté en orden, atender a los sacerdotes, llamarlos a la confesiones, que estén a la hora para celebrar la misa.

– ¿Es verdad que tiene gran gusto por la música y también ha compuesto canciones religiosas?

 – En muchos conventos en los que he estado me ha gustado cantar. Comenté a cantar en Puno, porque me gustaba la música y comencé a recopilar cancioneros católicos. Y sí, me gusta componer,  tengo dos canciones que son creación mía. Mi primera composición fue el Himno del Colegio Particular Mixto “Santa Clara de Asís” de Arequipa en 1976. Mi otra composición es la canción “Cordero de Dios”, adaptación de la música del tema “Lluvia” con letra propia.

Composición “Cordero de Dios” de Fr. Germán Alvítrez Chávez OFM.

– La vida religiosa no es fácil.  ¿Durante este tiempo ha habido momentos de crisis?

– Claro que he tenido momentos de crisis que felizmente superé con la ayuda y la gracia de Dios, con las oraciones. También varios religiosos que a uno lo ponen en prueba, supongo que eso viene de parte de Dios, ponen piedras en el camino, entonces hay que estar preparados con la ayuda de Dios.

– ¿Cómo ve la situación de la sociedad peruana actual?

– Está bastante venida a menos en todo aspecto, comenzando por la corrupción en el gobierno, y que en todas partes está campeando.

– ¿Cree que hay esperanza para encontrar Hay salida?

– Claro que tiene que haber salida. Y por ejemplo lo que hace el Padre Abel: predicar los diez mandamientos que es lo elemental para nuestra vida cristiana. Pero como mucha gente no viene el tempo, tampoco se preocupan en conocer y saber la palabra de Dios, que es el camino que nos lleva a la luz, la verdad, la salvación. Hay que ir predicando casa por casa, es la única solución.

– Se aprecia que hay más ausentismo en los templos…

– No creo que sea así. Con la pandemia por las medidas de emergencia y distanciamiento social repercutió en la poca asistencia. Pero como dice el dicho: “No hay mal que por bien no venga”,y la pandemia fue la oportunidad para que muchas personas vayan a los pies de Cristo,  fue un motivo para acercarse a Dios y convertirse. Otro aspecto es que mucha gente que no podía venir al templo, han podido ayudarse por el camino de escuchar la palabra de Dios desde su propia casa a través de internet.

– ¿Qué mensaje puede darle a los jóvenes que tienen vocación religiosa?

– Los exhorto a que tomen decisiones ahora o nunca. Si es que han sido llamados por Dios, tienen inquietud de servir al prójimo y a Dios, les aconsejo que se decidan de una vez a seguir este camino de santidad, perfección y servicio a Dios y al prójimo. Necesitamos muchos religiosos y sacerdotes para seguir evangelizando al pueblo de Dios. Si tienen inquietud vocacional no lo deben dejar para después.

– ¿Cómo se siente usted como religioso franciscano?

– Me siento feliz, realizado, contento en todo aspecto, sobrellevando las pruebas y siguiendo adelante con mi vocación de servicio.

(*) Entrevista realizada por el periodista Lic. Nivardo Córdova Salinas, como parte del “Proyecto Oralidad. Memoria viviente de la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú”, creado y dirigido por Fr. Abel Pacheco Sánchez OFM, director de Prensa Franciscana del Perú y la Pastoral de Medios de Comunicación.